La Sorpresa

A veces es poco popular asumir la convencionalidad como algo propio.

Siempre me he inclinado hacia la originalidad, el descaro, la provocación y la transgresión. He criticado lo normativo, he cuestionado lo estipulado y he ridiculizado especialmente la ñoñería.

En ese contexto, que considero que me define, o definía,  sucede un imprevisto de lo más habitual. La maternidad.

Cuando me propuse escribir sobre este tema quería serle fiel a la modernidad, explicar algo divertido, huir de los lugares comunes. El problema es que mi experiencia al final no resultó ser como yo la imaginaba.

En mi caso, porque cada caso es único (empecemos ya con los con los topicazos, para qué dilatarlo) la realidad superó con creces la ficción,

En menos de una semana desde que nació mi hijo mayor, me tuve que tragar las palabras de quince años de adolescencia mal llevada y de rebeldía sin causa.

En esa primera semana ya me vi diciendo “que era lo mejor que me había pasado en la vida” “que moriría sin pestañear por el fruto de mi vientre” “que nunca había sido más feliz” “que me enamoré nada más verle la carita”.

Durante los meses que vinieron después me reconcilié hasta la devoción con la lactancia materna a demanda, el colecho y el apego. Me emocioné  con sus primeras risas, su primera papilla, sus primeros pasos, sus primeras palabras. He llorado de felicidad y de miedo, he sentido mis entrañas encogerse con cualquier pequeño accidente. He aplaudido cuando hacía caca o se sonaba los mocos. He pensado que mi hijo es más ágil que el resto porque “mira cómo se sube ahí” o más espabilado porque ha encontrado el solo el paquete de galletas que había dejado en el cajón de siempre o ha conseguido acabar un puzzle de tres años cuando tenía dos y medio. He sentido el instinto de protección furioso, la devoción delirante y el amor incondicional.

He sentido todo lo que se  supone que se debía sentir, sin excepciones. Lo cual ha sido para mi asombro, la mayor sopresa.

Por |2018-11-27T21:42:52+00:00noviembre 24th, 2018|Categorías: Para la mamá|Etiquetas: , , , |1 comentario

Acerca del autor:

Elvira
"Mi vida se rige por unos principios que no sigo."

Un comentario

  1. Ambrosio Herrería de la Lastra 05/12/2018 en 10:26 am - Responder

    Todo eso se tomos los abuelito también y por duplicado, pues primero lo sentimos como padres. El nacimiento de un cachorro humano es emocionante y su crianza, un gran reto.

Deje su comentario